Ella está quieta, en frente de la fosa. Hace tiempo que dejó de correr. Ahora mira. No hacia el agujero, sino en sentido contrario. Se agita su largo vestido blanco. Hacen su asqueroso ruido las gaviotas. Pero ella solo mira. Mira hacia donde está Él, quieta e inmóvil. Hacia donde Él la está imaginando. Y así seguirá mientras Él imagine. Cuando deje de hacerlo se tumbarán las sillas bajo el árbol que les da sombra. Y serán ejecutados, ambos. Ella por no ser más que un reflejo de olas, Él por pura pena. Y en algún lugar, más tierra sobre el hoyo.
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