En las ciénagas de sangre/a veces, caminan los huesos,
y el sonido de sus talones/me eriza el vello, me hace girarme,
en busca de un sabio/de una antorcha/que guíe a los muertos.
Otras, los juncos huecos/se parten por su propio peso,
el de los ahorcados,/y el crujir de sus tendondes,
secos,/me hace vibrar, me estremece
con la esperanza/de que las nubes se desquebrajan,
y el manto de cemento cae,/como una losa sobre mí,
perenne lápida.
P.D: Si tengo algún seguidor, le digo : prometo escribir pronto
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